Un día de otoño.

septiembre 22, 2016

Brisa dulce, susurrante, fugitiva,
     que con el caluroso estío arrasa,      
cándida, serena, templada, pasiva,
anunciando el dorado otoño pasa.

Ella entre todos los árboles se cuela
y a sus cuerpos verdosos deshoja,
pues sus cabellos de color ciruela
se tornan para caer en lluvia roja.

Frondas cobrizas y ajadas descansan
entre los costados de la carretera,
y los alicaídos paraguas se amansan
al ver cómo se desbordan las riveras.

Es el tiempo de los cafés calientes,
de los besos lentos bajo edredones,
de los atardeceres incandescentes,
de las tardes luciendo camisones.  

Tiempo de los cristales salpicados
por las nostálgicas lluvias otoñales,
de los grisáceos cielos apagados
y de los vagos y cansados raudales.

Como aquel soplo ameno regresan
los días más cortos pero intensos,
donde las hojas viejas se espesan
formando senderos mustios y densos.

Ahora las caricias son más cálidas
y las persianas se quedan bajadas,
nuestras manos se entrelazan, pálidas,
y se marchitan las hojas anaranjadas.



(Art by Seteve Henderson)

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Christmas Snowflake